martes, 3 de julio de 2012

Berger adelantándonos el fin


Me encantó Puerca Tierra de John Berger… aunque no sea su temática lo que más me fascine (que también), sí lo son su forma de expresión, de narración, el léxico que emplea y el punto desde el que nos muestra las ideas más férreas de las gentes que habitan el mundo rural: pueblos y tradiciones que hoy distan de ser paradisíacos para la sociedad actual, esclava de las nuevas tecnologías. No he tenido oportunidad de leer este libro en todo este tiempo por ciertas vicisitudes y por esa estúpida melancolía que no me dejaba pensar con claridad y que lo único que quería era hacerme huir de lo que yo consideraba un verano monótono.
El otro día leí unas páginas que me gustaron y a las que he prestado especial atención porque guardan relación con una crítica similar a la que yo hago por una de estas marcas de útiles tecnológicos que absorben al gremio de consumidores compulsivos y a esa comunidad temerosa de quedar “fuera de moda”.
En una de las historias que se cuentan en este libro el autor, por medio de uno de los personajes que la protagonizan, refleja esa actitud reacia, propia de las gentes más “arraigadas” de los pueblos, a introducir técnicas que faciliten las actividades agrarias. Esa fabulosa descripción de un grupo de población que ansía en cierto modo apuñalar el progreso y preservar las técnicas tradicionales, se asemeja en un fragmento a la opinión que guardo respecto  a la marca “Apple” y a la gama de productos que oferta al público.
En la historia titulada “El valor del dinero” Berger escribe: “El no tener una máquina hace al padre anticuado a los ojos del hijo, al marido ruin para su esposa; hace que un vecino parezca pobre ante el otro. (…) Cuando se ha comprado el tractor le dicen: ahora para sacarle el máximo de rendimiento tienes que comprar las máquinas que lo acompañan (…) ¡Sin esas máquinas no aprovecharás todas las ventajas que te ofrece el tractor! Y entonces vas y compras una, y luego otra y otra, y así te vas endeudando más.”
¡Enhorabuena querido Berger! Tú mejor que nadie has dejado plasmada la técnica que realiza Apple para captar al consumidor que, sin saberlo, está entrando en un círculo vicioso que le provocará una necesidad de comprar artículos que complementen a su Iphone o Ipad (cargador, programa para descargar música, funda…) y cuyo precio no será muy diferente al del útil en cuestión.
Pero sería injusta si sólo arremetiese contra esa marca, ya que esta técnica de atrapar a las personas en este mercado está muy en boga. Quizás también soy injusta al criticar a ese grupo de personas que adoran esa peculiar manzanita.
Si vosotros, queridos amigos, sois partidarios de gastar vuestro dinero en un aparato cuya única diferencia al resto es una manzana… os respeto. Regalad el fruto de vuestras horas de trabajo al Señor Manzano, no creo que le importe a estas alturas y aunque así fuera, me asustaría que pudiese manifestar su descontento.
Pero enserio, haced lo que queráis, lo gracioso es que nadie leerá mi blog y mi opinión, en fin, va a quedar para las cuatro personas que quieran verlo, o a las que es posible que yo diga “léelo” con una pequeña sonrisa, reflejo de que creo que mi subjetividad es buena… aunque quizás no lo sea.
En fin, que aquí dejo esta pequeña crítica al monstruo de la tecnología. Y si no creéis que nuestro mundo llega a su fin este año, mirad a vuestro alrededor: No tenéis más que observar quién hoy no está atrapado dentro de esta realidad que algunos denominan “progreso” y que está matando a la forma más sencilla y tradicional de vida, que puede que facilite y haga más cómo nuestro día a día (claro, es obvio) pero que arrastra desde el sector más joven al resto de la población a depender de ciertas herramientas o utensilios que nos hacen más vulnerables. Y es que quizás deba prestar más atención a la voz de los protagonistas que forman Puerca Tierra… aunque mi bipolaridad es abrumadora: Por una parte apuesto por la forma más tradicional de vivir (que es la que nos hace diferentes a otras culturas o comunidades) pero admiro y abro las puertas al progreso, siempre y cuando éste no haga que las miradas más pueriles cambien la comba, el balón de fútbol o la imaginación por la Nintendo o las redes sociales (algo que por desgracia ya ha sucedido).

Efectivamente 2012 será el año en el que diremos adiós al mundo tal y como lo conocemos porque, queridas personillas que estáis leyendo esto, las costumbres tienen la misma edad que quienes tratan por mantenerlas vivas y, como todo ser que fluye y que irremediablemente  es susceptible al devenir, alcanzarán su fin no muy tarde.

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