"Entonces comprendo la pasión, la locura, el engaño de los relatos de viaje. Traen la ilusión de lo que ya no existe y que debería existir aún para que pudiéramos escapar a la agobiadora evidencia de que han sido jugados veinte mil años de historia. Ya no hay nada que hacer: la civilización no es más que esa flor frágil, que preservábamos, que hacíamos crecer, con gran cuidado, en algunos rincones abrigados, de un terruño rico en especies rústicas, sin duda amenazadoras por su lozanía, pero que permitían variar y vigorizar el plantel. La humanidad se instala en el monocultivo; se dispone a producir la civilización en masa, como la remolacha. Su comida diaria sólo se compondrá de este plato”. (Tristes Trópicos, C. L. Strauss).
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