martes, 17 de julio de 2012

Duermo
allende las horas
le susurran al viento
nuestro secreto
y tiñen con el recuerdo
de nieve añejos versos.
Para olvidar lo pasado
y cegar.



Arderá en mares lúgubres mi alma,
y gritará en seco mi corazón.
Mas ábreme de arriba abajo, despliega
tus armas sobre mí,
no te compadezcas
sufre
el llanto de mi tortura
el clamor del recuerdo, del calor
de una tierra que se cobija
yerma
llorando por unos brazos
que no supieron sembrar amor.


La belleza
perece en sus entrañas.
Nadie postra flores a su descanso
ni cede lágrimas al cielo,
suspiro a las nubes
o
al gris con el que se alhajan
lúgubres.
Él
devora con sus ansias lo inefable
mas trata de grabar palabras
que bauticen lo que siente
y así calmar su miedo.
¿Qué uso darle?
¿Qué sentido al pecado
y a su fraternal lazo con el deseo?
Qué paraíso arde
y expira.
Qué infancia
se pierde y no regresa.
Qué viraje hacia el abismo
qué condena
hacia un azul sin flores
hacia un mar
sin verdes prados
hacia el dolor que alza el vuelo
y pone frenos.
Y siembra soles.





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