Te hallo
en la inmensidad del mundo
en el horizonte más infinito y lejano.
Allí te hallo.
Te hallo entre las pequeñas cosas,
en el verde de las montañas
en el batir de sus alas.
Te hallo en el susurro de las olas
y en el contoneo del viento.
Allí te hallo.
Te hallo en cada estrella que ornamenta mi techo
y en el azul de ese techo
que nunca se abrió.
Te hallo en la fuerza del cielo
y en sus cimientos,
barro
que fundó mi casa.
Allí te hallo.
Y en el decir callado
en el pensamiento impensado;
en el arte.
Te hallo sin deseos
muertos
todos tus sueños.
Simple
sobria monotonía.
Te hallo en la saliva
y en la sequedad del día.
En los gusanos,
en los mapas,
en miradas desconocidas.
En mi cabeza.
Allí te hallo.
Nahiara Burgos
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